Éste escrito, no me gusto mucho... Es muy... simple, pero bueno. Hope ya like it :)
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Winter.
By: Maru.
Me apresuré a bajar los últimos escalones que me separaban del suelo y la puerta. Al llegar a ésta, giré la manilla que en ella se encontraba e hice una leve presión para que se abriera. Fuera, él se encontraba esperándome, mirando a algún punto que encontraba interesante en el suelo.
Aspiré una bocanada de aire helado, eso provocó una sutil punzada en mi pecho. Metí mis manos en los bolsillos de mi abrigo, así las protegería del frío temporal, y caminé los pocos pasos que nos separaban. Él aún no había notado mi presencia.
Tosí, una vez a su lado. Éste posó sus ojos color miel en mí.
—Hola —saludé. En sus labios se dibujo una sonrisa.
—Al fin sales. Creí que no bajarías más —carcajeó. Su rostro se iluminaba completamente cuando él reía. Era una imagen que podría contemplar por horas.
—Lo siento. Ni mi ropero ni yo sabíamos que haría tanto frío el primer día de invierno.
Emprendimos nuestra caminata por las gélidas calles de Boston. Disfrutaba su compañía, pero sólo estabamos allí, juntos, por un único propósito. Él me ayudaría.
—Bien, ¿Quién será mi candidato hoy?
— ¿La verdad? No hallé a nadie, ni lo seguiré haciendo… —sus facciones estaban serias y mantenía su vista hacia delante. ¿Qué diablos le ocurría ahora?
— ¿Qué? Joe, ¡Lo prometiste! —chillé enfadada, pero éste ni se inmutó. Seguía con su serio aspecto.
—Lo sé, pero… Allison, ninguno de mis conocidos son lo suficientemente buenos para ti…
Sí, le había pedido a Joseph que me ayudase a encontrar una pareja. ¿Desesperación? No lo sé, mejor llamémoslo: Mi vida transcurre y sigo sin ese alguien a quien amar y entregar mi corazón.
— ¿Y tú cómo lo sabes? ¿Acaso tú serías bueno para mí? —pregunté sin siquiera pensar lo que decía. Mi comentario lo hizo detenerse en seco, pero luego continuó a mi lado.
—Mejor que esos idiotas, seguro —articuló entre dientes.
— ¿Ah? —había oído, pero todo se me hacía confuso.
—No estoy diciendo que yo sea mejor que ellos, sino que… que… — ¡Cielos! Nunca lo había visto sonrojarse, y… Dios, el color rosado en sus mejillas le sentaba a la perfección.
— ¿Qué…? —lo incité a continuar. Me intrigaba lo que diría.
Se detuvo, esta vez definitivamente, yo lo imité, y clavó sus profundos ojos en mí.
—Eres una gran chica, Al. No mereces andar sufriendo por imbéciles a quienes la última palabra que se les cruzaría por la mente sería compromiso. Debes creerme, los conozco —sonreí de lado ante la inminente preocupación de él, por mí.
—Todos son así hoy en día, Joe —dije con clara frustración en mi voz.
—Oh, gracias —exclamó con ironía.
De repente me tomó de los brazos, pero no hacía presión alguna sobre ellos. Buscaba mi mirada con desespero, hasta que la encontró y… todo fue extraño. Mirarlo directo a los ojos no se me era desconocido, pero esta vez… era distinto. Había algo que se encontraba de por medio. ¿Sentimientos ocultos? Era… imposible.
—Sabes bien que yo no soy así… A mí me encantaría encontrar a ese alguien, mejor, que ese alguien…. me correspondiese.
— ¿A qué te refieres? —mis piernas comenzaron a flaquear, a la par, los latidos de mi corazón se aceleraron. ¿Cuál era la razón? Joseph había acercado su rostro al mío, y nuestras respiraciones ya podían mezclarse entre ellas.
—A ti. ¿Es que no te has dado cuenta? Me traes loco, Al — ¿Ah? ¿Joe estaba… declarándose? ¡Diablos! Mi mente nunca fue rápida ni útil para estos temas.
Siquiera esperó a que yo hablase, que capturó mis labios con suavidad, haciendo que me sintiese en las nubes. ¡Eso! Debía de estar soñando… Sólo necesitaba a alguien que me pellizcase y poder corroborar mi hipótesis.
Joe continuaba en su acción de besarme y realmente me desconcentraba. Descarté la posibilidad de estar fantaseando con él entre sueños. Su beso se me hacía tan… real, tan lleno de sentimientos que nunca imagine sentir por… él.
— ¿Qué dices? ¿Me darás una oportunidad? —preguntó temeroso, luego de alejarse de mí.
—Claro —respondí decidida. Antes no veía a Joe como algo más allá de un gran amigo, pero ese beso… hizo que despertaran en mí sensaciones únicas y sentimientos que intentaba evadir. Como él que siempre me sentí atraída por él, pero creí que eso no era recíproco.
— ¿Si? —se sorprendió—. ¿Estás segura de es…? —no lo dejé continuar. Era considerablemente más baja que él, debido a eso, tuve que utilizar su bufanda para poder aproximar nuestros rostros y así besarlo con ternura.
Todo tomó otro rumbo cuando su lengua se abrió camino a mi boca, y, al encontrarse con la mía, ambas comenzaron una danza sin música alguna que las acompañase… Crearon un ritmo propio. Eso provocaba un efecto tan placentero y a su vez, adictivo. Lo único que pedía era que no terminase jamás…
¿Quién iba a decir que hallaría al hombre que tanto busqué el primer día de invierno?

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